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El poder estratégico de la sostenibilidad más allá del cumplimiento

La evaluación de riesgos de sostenibilidad o ESG también revela oportunidades estratégicas, particularmente a través de modelos de economía circular que optimizan el uso de recursos, reducen residuos y disminuyen la dependencia de materias primas vírgenes

Mercedes Fuguet*

Muchas veces asociamos a la sostenibilidad en los negocios con un tema regulatorio, un costo adicional o una obligación de cumplimiento. Esta asociación puede estar relacionada con la adopción de normas y/o regulaciones en varias jurisdicciones como las NIS y las IFRS S1 y S2 en México, el marco regulatorio de divulgación climática de California y el marco regulatorio de sostenibilidad de la Unión Europea. Sin embargo, el verdadero valor no radica sólo en el cumplimiento normativo y/o regulatorio, sino en la capacidad de integrar la gestión de riesgos de sostenibilidad como parte central de la estrategia del negocio.

En un contexto en el que algunas jurisdicciones suspenden, flexibilizan o posponen requerimientos regulatorios, el riesgo no desaparece. Por ejemplo, a medida que el cambio climático continúa intensificándose, las cadenas de suministro permanecen expuestas a disrupciones y los mercados energéticos siguen mostrando volatilidad estructural. La ausencia de presión regulatoria inmediata no implica menor exposición; por el contrario, puede generar una falsa sensación de seguridad que incremente la vulnerabilidad futura de las organizaciones.

Integrar la gestión de riesgos en la estrategia permite anticipar impactos antes de que se materialicen en pérdidas financieras. Empresas con un uso de energía intensivo que evalúan oportunamente el riesgo de incremento en costos eléctricos, ya sea por mayor consumo derivado del aumento de temperaturas o por limitada disponibilidad de energía, incluyendo la renovable, pueden desarrollar estrategias de eficiencia y diversificación que protejan sus márgenes frente a competidores menos preparados. En contraste, organizaciones que no gestionen activamente su huella de carbono o sus impactos ambientales o sociales podrían enfrentar mayores costos operativos, presión en flujos de efectivo y pérdida de competitividad conforme se intensifiquen sus riesgos de sostenibilidad, incluyendo los riesgos climáticos físicos y de transición.

El sector agrícola, por ejemplo, es muy susceptible del cambio climático, y, por lo tanto, el clima determina directamente la productividad y el valor de sus activos.

Cambios sostenidos en temperatura y precipitación pueden alterar la viabilidad económica de ciertas regiones. Si una empresa no evalúa escenarios climáticos y continúa invirtiendo en tierras o infraestructura cuya productividad futura esté comprometida, podría enfrentar deterioros de activos, menor valor recuperable y volatilidad en flujos de efectivo. La anticipación, en cambio, permite migrar cultivos, rediseñar estrategias productivas y fortalecer la continuidad del negocio.

Por otro lado, muchos de los riesgos relacionados con factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) que enfrentan las organizaciones y donde puede haber vulnerabilidades importantes se encuentran en las cadenas de valor tanto aguas arriba como aguas abajo, y el mapeo de estos riesgos no siempre está siendo considerado. Aun cuando no forman parte de las operaciones propias de la compañía, se pueden implementar estrategias para mitigar riesgos y para influir en otras entidades no solamente en la disminución de su huella de carbono, sino en evitar prácticas poco éticas, contaminantes o que puedan ocasionar riesgos en los recursos de los que se depende para la continuidad de las operaciones.

La evaluación de riesgos de sostenibilidad o ESG también revela oportunidades estratégicas, particularmente a través de modelos de economía circular que optimizan el uso de recursos, reducen residuos y disminuyen la dependencia de materias primas vírgenes. Las organizaciones son cada vez más responsables de los impactos generados en todas las etapas del ciclo de vida de sus productos, por lo que incorporar principios de diseño circular desde el origen no solo mejora la eficiencia operativa y reduce costos, sino que también mitiga riesgos futuros asociados a residuos, regulaciones ambientales y responsabilidades extendidas del productor.

Además, estas estrategias no tienen que desarrollarse de manera aislada: pueden fortalecerse mediante alianzas con los participantes de la cadena de valor de la empresa, como son los proveedores, recicladores, clientes u otros actores del ecosistema, generando economías de escala y soluciones compartidas. En este contexto, la economía circular se convierte en una palanca competitiva que combina eficiencia financiera, resiliencia en la cadena de valor y creación de valor sostenible de largo plazo.

La inacción no es neutral

No reducir emisiones, no gestionar consumo energético o no mitigar impactos ambientales y sociales puede traducirse en mayores costos futuros, pérdida de acceso a mercados, deterioro reputacional, presión de inversionistas y, también menor resiliencia operativa. Los eventos ambientales, incluidos los climáticos y los sociales tenderán a intensificarse y los mercados de capital y en general los inversionistas integran cada vez más factores ESG en sus decisiones, por lo que las organizaciones que no actúan pueden enfrentar impactos acumulativos más severos que pueden significativamente impactar el valor empresarial. Una gestión deficiente o una falta de transparencia puede traducirse en mayor costo de capital, menor confianza del mercado o pérdida de acceso a determinadas fuentes de financiamiento.

  • La gestión preventiva no solo reduce riesgos; también impulsa ventajas competitivas al crear y capturar valor, transformando los riesgos en oportunidades que permiten: Mayor estabilidad en márgenes ante volatilidad externa.
  • Mejor acceso a financiamiento al demostrar control y previsión de riesgos.
  • Asignación de capital más eficiente.
  • Menor probabilidad de deterioros inesperados.
  • Mayor resiliencia operativa frente a disrupciones climáticas, otros impactos ambientales, sociales o regulatorios.

La sostenibilidad no es, por lo tanto, únicamente un tema de cumplimiento normativo y/o regulatorio. Es un componente estructural de la competitividad y de la resiliencia futura de las organizaciones. La pregunta clave no es si existe un requisito regulatorio o si la regulación se endurecerá o se flexibilizará, sino si la organización está tomando decisiones hoy que le permitan anticipar riesgos, proteger su valor y evitar impactos mayores en el futuro. En este contexto, para los inversionistas resulta cada vez más relevante el conocer cómo se gestionan estos riesgos y cuál es su impacto potencial en el desempeño del negocio, para garantizar la estabilidad, rentabilidad y creación de valor a lo largo del tiempo.

*Socia Líder de Consultoría en Sostenibilidad y Reporte en PwC México

Fotografía: https://pixabay.com/