A pesar de la firmeza de las naciones en la protección de la Antártida, las conversaciones de la CCAMLR terminan sin consenso
Tras dos semanas de negociaciones en Hobart, la 44.ª reunión anual de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) concluyó con escasos avances hacia los largamente postergados objetivos de protección del Océano Austral. Sin embargo, un mensaje contundente se hizo presente: un número creciente de Miembros defiende firmemente la protección de la Antártida, negándose a ceder ante la presión para expandir la pesca industrial en uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
“Este año, los países comprometidos con la conservación demostraron que el futuro de la Antártida no puede estar dictado por quienes anteponen la pesca a la protección”, declaró Claire Christian, directora Ejecutiva de la Coalición Antártica y del Océano Austral (ASOC). “Los principales defensores se negaron a transigir en materia científica, se mantuvieron unidos en defensa de la vida marina y enviaron un mensaje claro: el propósito fundacional de la CCAMLR, la conservación, debe ser primordial”.
Una firme muestra de unidad por parte de Chile, Argentina, la Unión Europea y sus Estados miembros, Nueva Zelanda, la República de Corea y otros miembros, resistió con éxito los intentos de expandir la pesca de krill en zonas ricas en depredadores sin salvaguardias para pingüinos, focas y ballenas.
En el centro de la reunión se encontraban dos cuestiones interrelacionadas: la propuesta de un área marina protegida (AMP) para la Península Antártica y la gestión de la pesca del krill, que abarca gran parte de las mismas aguas. Durante años, los miembros trabajaron para armonizar estos esfuerzos, reconociendo que la protección del hábitat y la gestión de las capturas deben ir de la mano. Sin embargo, este año, un pequeño grupo de miembros presionó para separar los debates, intentando desvincular la expansión de la pesca de la protección marina.
“No se puede afirmar que se gestiona el krill de forma sostenible ignorando a los pingüinos, las ballenas y las focas que dependen de él”, declaró Emily Grilly, responsable de Conservación Oceánica de WWF-Australia. “La ciencia es clara: las poblaciones sanas de depredadores dependen de poblaciones sanas de krill. Preservar este delicado equilibrio ecosistémico requiere tanto una gestión sólida y preventiva como la designación de áreas protegidas”.
La propuesta de Área Marina Protegida (AMP) de la Península Antártica, liderada por Chile y Argentina y respaldada por más de 150 estudios científicos, sigue siendo una de las cuatro propuestas de protección pendientes de aprobación. Junto con las protecciones existentes, éstas salvaguardarían el 26% del Océano Austral, casi el 3 % del océano global.
Aunque la reunión concluyó sin una adopción definitiva, los observadores señalaron que marcó un punto de inflexión. La creciente convergencia entre los miembros comprometidos con la conservación demuestra una mayor determinación global para que la CCAMLR se alinee con los compromisos mundiales de protección de los océanos, en consonancia con el Tratado de Alta Mar recientemente ratificado y el objetivo global de proteger el 30 % de los océanos para 2030.
La CCAMLR también desaprovechó una oportunidad clave para proteger hábitats vulnerables del fondo marino, ya que dos de sus miembros rechazaron la designación de un nuevo Ecosistema Marino Vulnerable (EMV) a pesar de la clara evidencia en video de especies bentónicas frágiles. Pruebas similares se han utilizado en el pasado para aprobar otros 11 sitios, lo que ha generado dudas entre los observadores sobre la inconsistencia.
Además, se debatieron las evidencias del drástico impacto del cambio climático en el medioambiente antártico, pero no se lograron acciones significativas. Si bien la CCAMLR había acordado previamente incluir el cambio climático en todas las áreas de su trabajo, ha tardado en adoptar medidas de protección efectivas para los ecosistemas antárticos amenazados.
“La Antártida se está calentando más rápido que casi cualquier otro lugar del planeta, pero la CCAMLR sigue tratando el cambio climático como una cuestión secundaria”, afirmó Eunhee Kim, directora ejecutiva del Instituto de Investigación Oceánica y Climática. “Actuar ante las alarmantes evidencias del cambio climático en la Antártida es fundamental para garantizar la resiliencia de los ecosistemas antárticos”.
Un resultado positivo se dio en forma de nuevas normas sobre transbordo: la práctica de transferir personas, materiales o capturas pesqueras entre buques en alta mar. Los miembros de la CCAMLR acordaron exigir que todos los buques figuren en una lista pública, un paso largamente esperado hacia la transparencia para alinear a la CCAMLR con las mejores prácticas mundiales.
“Mientras el resto del mundo avanza con nuevos y ambiciosos compromisos para proteger los océanos, la CCAMLR permanece estancada”, declaró Christian. “La determinación demostrada por muchos países este año demuestra que el cambio es posible. Pero sin acciones concretas, este organismo, otrora pionero, corre el riesgo de quedarse rezagado respecto al impulso global”.
Para obtener más información, consulte el documento «Protegiendo un océano Austral en constante cambio».
Fotografía: Cortesía de CCAMLR















