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Construir resiliencia desde la energía y la edificación sostenible


Saint-Gobain, líder mundial en construcción ligera y sostenible, comparte algunos datos recientes permiten dimensionar su relevancia y, al mismo tiempo, evidenciar el potencial que tienen en el sector

La energía es uno de los principales habilitadores de la adaptación climática. Desde cómo climatizamos los espacios hasta cómo diseñamos los edificios y producimos electricidad, cada decisión energética influye en la capacidad de las ciudades y las personas para vivir mejor en un entorno cada vez más variable. En el marco del Día Mundial de la Energía (que se celebra el 14 de febrero de cada año), resulta oportuno reflexionar sobre el papel que juegan la eficiencia energética y la adopción de soluciones sostenibles con impacto directo en el bienestar y la resiliencia.

La adaptación energética es un terreno donde convergen inversión estratégica, innovación aplicada y decisiones de política pública con impacto real. En ese cruce, el sector de la construcción juega un papel decisivo. Desde esa perspectiva, Saint-Gobain, líder mundial en construcción ligera y sostenible, comparte algunos datos recientes permiten dimensionar su relevancia y, al mismo tiempo, evidenciar el potencial que tienen en el sector:

Una inversión que refleja la escala del reto: el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que los países en desarrollo requerirán entre 310 y 365 mil millones de dólares anuales para adaptación climática hacia 2035, es decir, entre 12 y 14 veces más que los flujos actuales. Esta brecha muestra la oportunidad de canalizar recursos hacia soluciones como edificios eficientes, energías limpias y soluciones sostenibles que reducen vulnerabilidades estructurales.

De la planeación a la acción: PNUMA también destaca que se llevaron a cabo más de 1,600 acciones de adaptación climática en 2024, principalmente en temas de biodiversidad, agricultura, agua e infraestructura. Este volumen de iniciativas confirma que la adaptación está dejando de ser una promesa para convertirse en políticas, programas y proyectos tangibles, muchos de ellos estrechamente vinculados al uso más eficiente de la energía en la construcción.

La eficiencia como política global: en 2025 se implementaron más de 250 nuevas políticas de eficiencia energética en países que concentran el 85 % de la demanda mundial. Para la Agencia Internacional de Energía (AIE), esto evidencia un consenso creciente: la forma más rápida y rentable de avanzar en la transición energética es reducir el consumo mediante tecnologías más eficientes y mejores estándares en edificaciones, equipos y procesos.

Edificios y soluciones sostenibles en el centro: los edificios concentran cerca del 30 % de la demanda energética global y alrededor del 70 % del consumo residencial se destina a climatización. Mejorar el aislamiento, modernizar sistemas térmicos y adoptar equipos eficientes puede transformar este patrón. Por ejemplo, la AIE estima que los usuarios de aires acondicionados eficientes lograron ahorros de hasta 30 % en costos energéticos, demostrando que eficiencia y economía sí pueden ir de la mano.

Este avance se enmarca en una tendencia cada vez más generalizada. El año pasado, la energía renovable se convirtió en la principal fuente de generación eléctrica a nivel mundial, confirmando que avanza la marcha de la transición energética. En paralelo, la innovación tecnológica está ampliando el abanico de soluciones disponibles para la adaptación. El Climate Technology Progress Report señala que la integración de tecnologías biobasadas se ha consolidado como una de las vías más costo-efectivas para acelerar simultáneamente la acción climática y la restauración de la naturaleza, un enfoque particularmente relevante para el sector de la construcción.

En este contexto, la adaptación climática, vista desde la energía, se construye con decisiones cotidianas y soluciones técnicas: edificios mejor diseñados, equipos más eficientes, materiales innovadores y soluciones sostenibles que optimizan el uso de recursos. Más que una respuesta a la crisis, es una oportunidad para avanzar hacia modelos de desarrollo más confortables, competitivos y resilientes, donde la eficiencia energética se convierte en un puente entre sostenibilidad, calidad de vida y futuro.

Fotografía: https://pixabay.com/