En un contexto de mayores exigencias ambientales y regulatorias, la energía se ha convertido en un factor determinante de competitividad
El comercio internacional atraviesa una transformación en la que la energía ha dejado de ser solo un insumo operativo para convertirse en una variable que incide directamente en la competitividad de las empresas. Hoy, la permanencia en los principales mercados depende no solo de la eficiencia productiva o logística, sino también de cómo se produce y bajo qué estándares ambientales y regulatorios.
De acuerdo con la International Energy Agency (IEA), las políticas climáticas y energéticas están influyendo de manera creciente en las dinámicas del comercio global, lo que lleva a las empresas a evaluar sus decisiones energéticas más allá del costo, considerando su impacto en la operación, el cumplimiento normativo y la certidumbre del suministro.
En este contexto, el Gas Natural Licuado (GNL) se presenta como una alternativa para las empresas que buscan adaptarse. Más que un cambio de combustible, el GNL responde a exigencias cada vez más presentes en las cadenas de valor.
Según la International Gas Union (IGU), el gas natural y el GNL son los únicos energéticos capaces de reducir las emisiones industriales de manera inmediata en procesos de alta intensidad térmica, esta capacidad de reducción es el factor clave que permite a las industrias mantener el acceso a mercados internacionales bajo regímenes de impuestos al carbono, asegurando que el 80 % de la demanda industrial proyectada para 2040 se concentre en regiones que integran el GNL como base de su eficiencia operativa.
Desde una perspectiva técnica, el uso de GNL permite reducir entre 20 % y 30 % las emisiones de CO₂ frente a combustibles de mayor intensidad de carbono, además de eliminar prácticamente la totalidad de los óxidos de azufre (SOx).
“Más allá del beneficio ambiental, el GNL aporta una estabilidad operativa que minimiza riesgos de interrupción en la cadena de suministro. En el contexto actual, esta tecnología no solo asegura la continuidad de la producción, sino que funciona como un ‘pasaporte verde’ indispensable para competir en el comercio internacional”, señaló Carlos Boone, director de Asuntos Corporativos en Énestas.
Bajo este contexto, el energético se consolida como una decisión estratégica para alinear desempeño operativo y metas de descarbonización sin sacrificar competitividad. Integrarlo en su canasta energética fortalece su posición frente a mercados cada vez más exigentes. En un comercio internacional donde la sostenibilidad define quién participa y quién queda fuera, el GNL es habilitador directo de permanencia y crecimiento global.
Fotografía: Cortesía de Énestas















