En México, el 61 % de las personas afirma optar por productos con envases reciclados y el 74 % considera que los plásticos “sustentables” ayudan al medioambiente, según la Segunda Encuesta de Hábitos de Reciclaje de Plástico 2024
Más que una tendencia, el debate actual sobre sostenibilidad está obligando al diseño gráfico y de producto a revisar su propia responsabilidad histórica. El informe Más allá del diseño, elaborado por Ana Villagordo y publicado por la Escuela Superior de Diseño de Barcelona (ESDESIGN), plantea una idea directa, la crisis ambiental no es ajena al diseño, sino que ha sido facilitada por una cultura proyectual orientada durante décadas a estimular el deseo y acelerar el consumo. Esta necesidad de cambio estructural coincide con una transformación en la mentalidad del consumidor, según informes de PWC, en mercados como el de México, más del 70 % de los encuestados afirma estar dispuesto a pagar un sobrecosto por bienes producidos de forma sostenible.
“El diseño ha sido la herramienta para crear necesidades artificiales, ahora debe ser la herramienta para garantizar necesidades reales”, señala Villagordo. La afirmación no es menor en un contexto donde la evidencia científica presentada en el informe confirma que 7 de los 9 límites planetarios han sido superados, incluyendo recientemente la acidificación de los océanos. La magnitud del desafío obliga a replantear qué significa diseñar y para quién.
Uno de los primeros frentes es el lenguaje. Términos como “sostenible”, “eco-friendly” o “verde” han perdido precisión tras años de uso comercial. La autora advierte que el problema no es sólo técnico, sino semántico, cuando todo se define como sostenible, el concepto deja de significar algo. “Nada es sostenible si para existir ha tenido que degradar el entorno. El ecodiseño no es hacer las cosas un poco menos mal, es hacerlas bien desde el origen”, sostiene la autora.
La confusión también afecta al consumidor. En México, el 61 % de las personas afirma optar por productos con envases reciclados y el 74 % considera que los plásticos “sustentables” ayudan al medio ambiente, según la Segunda Encuesta de Hábitos de Reciclaje de Plástico 2024. Sin embargo, la etiqueta “biodegradable” puede ocultar realidades menos alentadoras, ciertos plásticos pueden tardar hasta 250 años en degradarse. La brecha entre percepción y evidencia técnica revela la urgencia de una mayor transparencia.
El informe recuerda además que hasta el 80 % del impacto ambiental de un producto se define en la fase de diseño. Esto implica que las decisiones tempranas materiales, ciclo de vida, modelo de negocio determinan en gran medida la huella posterior. Cambiar un insumo por otro no siempre modifica el problema estructural, por ello, se plantea explorar modelos como la servitización, donde se prioriza el acceso al servicio sobre la acumulación de objetos. Además, en México, los costos por agotamiento y degradación ambiental ascienden al 4.1 % según informa El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, lo que refleja el impacto estructural de un sistema que no prioriza la regeneración.
Más allá de la dimensión ambiental, el informe también vincula diseño y justicia social
Retoma el marco de la Economía del Donut, que propone operar dentro de dos límites, un suelo social que garantice derechos básicos y un techo ecológico que no debe superarse. Las cifras sobre precariedad son elocuentes, el 56 % de los jóvenes en situación de carencia material severa presenta diagnósticos asociados a problemas de salud mental. Diseñar productos, servicios o entornos que ignoren estas condiciones no es neutral.
La discusión, entonces, no es estética, sino estructural. Si el residuo es consecuencia de un sistema lineal que rompe con los ciclos naturales, el diseño tiene capacidad y responsabilidad de intervenir en esa lógica. No se trata de producir más objetos “verdes”, sino de cuestionar si todos los objetos son necesarios.
El debate abierto por el informe no ofrece soluciones simples, pero sí plantea una redefinición del éxito profesional, menos centrado en la novedad y más en la pertinencia. En un escenario de límites ecológicos tangibles, el diseño enfrenta una transición inevitable. La cuestión ya no es cómo hacer productos más atractivos, sino cómo contribuir a sistemas que permitan habitar el planeta sin exceder su capacidad.
Fotografía: Cortesía Escuela Superior de Diseño de Barcelona (ESDESIGN)















