Al concluir la tercera y última sesión de la Comisión Preparatoria de las Naciones Unidas para el Tratado de Alta Mar (Acuerdo BBNJ), la Alianza de Alta Mar (HSA) celebró el firme liderazgo de los copresidentes y la dedicación de la mayoría de los gobiernos para coordinar las decisiones sobre la estructura del Tratado de cara a su primera Conferencia de las Partes en enero de 2027. Sin embargo, la HSA advirtió que las cuestiones políticas pendientes, ajenas a la conservación de los océanos, no pueden retrasar la implementación del Tratado en un momento crítico para el medio marino
Durante dos intensas semanas de negociaciones, las delegaciones llegaron preparadas y participaron de manera constructiva bajo el liderazgo de los copresidentes, la embajadora Janine Felson y el señor Adam McCarthy. Las conversaciones lograron avances significativos en varias áreas clave, incluyendo la estructura y el funcionamiento de la mayoría de los órganos subsidiarios, varios documentos relacionados con asuntos financieros, el establecimiento de la futura Secretaría del BBNJ, incluyendo un proceso para la selección de su sede, y la creación de un prototipo para el Mecanismo de Compensación, el portal de datos y el sistema nervioso central del Acuerdo.
Las negociaciones perdieron impulso hacia el final de la sesión, ya que las divisiones políticas, ajenas a la conservación de los océanos y no a la complejidad técnica, amenazaban con dejar sin resolver varias cuestiones clave. Sin embargo, un impresionante esfuerzo final de los copresidentes y de algunos Estados ambiciosos logró rescatar algunas, aunque no todas, en el último momento. Esto se hizo especialmente evidente en el Reglamento de la Conferencia de las Partes, donde los copresidentes habían redactado un compromiso cuidadoso sobre cuestiones como la participación de observadores, pero algunos Estados manifestaron reservas de última hora.
Transparencia y participación en riesgo
Una de las principales preocupaciones durante las reuniones del Comité Preparatorio ha sido mantener, en el nuevo Reglamento de la Conferencia de las Partes, el excelente historial del Acuerdo en materia de transparencia y participación inclusiva. Tras varios intentos de restringir la participación de observadores en el segundo Comité Preparatorio, las delegaciones del tercer Comité Preparatorio llegaron a un compromiso en dos fases, que permite a los Estados objetar la presencia de observadores, pero delega la decisión final a las Conferencias de las Partes, que podrán entonces revocar dichas objeciones.
Si bien no es tan restrictivo como otras opciones sobre la mesa, este enfoque aún introduce incertidumbre y podría dar lugar a una participación inconsistente o restrictiva entre los distintos organismos, especialmente para los observadores con menos recursos.
Los observadores —entre los que se incluyen actores como la sociedad civil, los pueblos indígenas, la juventud, la comunidad científica y otros— aportan conocimientos especializados, rendición de cuentas y legitimidad al proceso. Garantizar la participación significativa de los pueblos indígenas y las comunidades locales, como titulares de derechos, sigue siendo una cuestión pendiente que debe abordarse.
“La solidez de este Acuerdo dependerá de una participación abierta, constante e inclusiva. La participación no es opcional; es esencial para la eficacia del Tratado”, declaró Rebecca Hubbard, directora de la HSA.
Oportunidades perdidas
Si bien algunos documentos cuentan con un amplio consenso, aún presentan varias opciones, dejando pendientes algunas decisiones institucionales clave. Entre ellas se incluyen cuestiones como la relación de la Secretaría con el sistema de las Naciones Unidas, las líneas de responsabilidad de su liderazgo y algunas normas financieras relacionadas. Su situación actual, aún sin resolver, le costará a la CoP1 un tiempo valioso y adicional.
A pesar de ser una prioridad importante para muchos Estados, el Comité Preparatorio tampoco logró ponerse de acuerdo sobre un proceso temprano de nominación y elección de los miembros de los Órganos Subsidiarios —órganos técnicos y consultivos responsables de apoyar la implementación del Tratado—. En consecuencia, los órganos subsidiarios no estarán plenamente establecidos en la CoP1, lo que podría ocasionar un retraso de hasta un año en la implementación del Acuerdo.
Mejorar la cooperación y la coordinación con las organizaciones internacionales existentes, como las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera, para promover la conservación y el uso sostenible de las Áreas Más Allá de la Jurisdicción Nacional es un objetivo clave del Acuerdo sobre Áreas Marinas Más Allá de la Jurisdicción Nacional y será fundamental para su implementación. Sin embargo, parte del texto que se remitirá a la CoP en relación con sus relaciones con otros organismos corre el riesgo de crear barreras, demoras o dependencias innecesarias que dificulten una implementación oportuna, especialmente en lo que respecta al tan necesario establecimiento de Áreas Marinas Protegidas. Se requerirán más debates para garantizar que las disposiciones de cooperación sigan siendo prácticas y estén alineadas con el Acuerdo.
Es necesario mantener el impulso político
En una recepción inaugural organizada conjuntamente por HSA y sus miembros, el Sr. Steven Hill, subsecretario General de Asuntos Jurídicos de las Naciones Unidas, describió el Tratado de Alta Mar como uno de los logros más prometedores del multilateralismo en los últimos tiempos. Sin embargo, mantener ese impulso requerirá una voluntad política renovada.
«La implementación exitosa del Acuerdo, desde el establecimiento de áreas marinas protegidas hasta el reparto de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos, depende de instituciones sólidas y una participación inclusiva», declaró Daniel Kachelriess, coordinador Transversal de la Alianza de Alta Mar. «Cuanto antes se implementen estos sistemas, antes podrá el Tratado lograr la equidad y la conservación de los océanos, aspectos urgentemente necesarios para afrontar la crisis planetaria».
A medida que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad se aceleran, la urgencia de actuar es cada vez mayor. El cumplimiento de los compromisos globales, incluido el objetivo 30×30 de proteger al menos el 30 % de los océanos para 2030, dependerá de la aplicación rápida y eficaz del Tratado de Alta Mar.
“El texto del Acuerdo es claro, pero el trabajo para convertirlo de un documento escrito en algo que genere cambios reales en el ámbito hídrico está lejos de haber terminado. La tarea ahora consiste en construir las instituciones y los procesos necesarios para transformar la ambición en acción en la primera Conferencia de las Partes en enero”, concluyó Rebecca Hubbard, directora de la HSA.
Fotografía: ©Photo Annika Hammerschlag
















